
Resulta que vas a un concierto y que el celebrante suspende; si te has hecho 500 kms. es casi una tragedia - ya me pasó con John Hiatt en San Sebastián -, sin embargo, si es en tu ciudad, la cosa no es para tanto. Coges a los colegas con los que ibas a ir, te metes en un bar y ya está. Otra vez será.
Aquel día RATM nos falló debido a una de esas rarísimas excusas que dan los grupos cuando pasan estas cosas, y optamos por plan B.
Fuimos elevándonos y de cervezas con tapa pasamos a cervezas solas; de ahi a cubatillas y por último a cubatillas con chupitos ... ¡mala decisión!.
Acabamos en un antro granaino que no sé si sigue existiendo llamado La Pompa. Mucha camiseta de Morello y compañía - tan de moda en aquellos tiempos - pero nosotros a lo nuestro. Al menos al principio.
Parecía que media audiencia del concierto estaba allí mismo por lo que el dueño del bar no tuvo otra que obsequiarnos cada cierto tiempo con saltarines momentos "quemechupenlapolla" que eran celebrados de modo generalizado. ¡Fue imposible mantenerse ajeno!. A la tercera o cuarta excursión por el temita de marras ya formábamos parte de la masa informe ... y seguramente, nos encontrábamos entre lo peorcito de ella. El odioso "quemechupenlapolla" salía de nuestras bocas sin control alguno ...
Mantuvimos el tipo como buenamente pudimos entre camisetas y músculos de segunda y, cuando llegó el momento de la retirada, decidí obsequiar a mi huésped con una de mis más clásicas ceremonias post-noche chupitera. Es simple. Llegas a casa, abres el frigo y, antes de que el sueño y el mareo puedan contigo, te empapuzas todo el embutido que puedes con mucho pan. Hay estómagos preparados para ello y hay estómagos que no. Mi estimado huésped aún recuerda el chopped de mi madre.
Parecía que media audiencia del concierto estaba allí mismo por lo que el dueño del bar no tuvo otra que obsequiarnos cada cierto tiempo con saltarines momentos "quemechupenlapolla" que eran celebrados de modo generalizado. ¡Fue imposible mantenerse ajeno!. A la tercera o cuarta excursión por el temita de marras ya formábamos parte de la masa informe ... y seguramente, nos encontrábamos entre lo peorcito de ella. El odioso "quemechupenlapolla" salía de nuestras bocas sin control alguno ...
Mantuvimos el tipo como buenamente pudimos entre camisetas y músculos de segunda y, cuando llegó el momento de la retirada, decidí obsequiar a mi huésped con una de mis más clásicas ceremonias post-noche chupitera. Es simple. Llegas a casa, abres el frigo y, antes de que el sueño y el mareo puedan contigo, te empapuzas todo el embutido que puedes con mucho pan. Hay estómagos preparados para ello y hay estómagos que no. Mi estimado huésped aún recuerda el chopped de mi madre.








